H. G. Wells: “History is a race between education and catastrophe”.

jueves, 17 de enero de 2013

2º A.S. - BLOQUE 9 - La Rusia prerrevolucionaria

El Imperio Ruso en 1914
 Rusia, en época de los zares, era un enorme imperio que se extendía por los continentes europeo y asiático. Estaba formado por un conglomerado de pueblos y nacionalidades sometidas al poder imperial del Zar.

El Imperio estaba habitado en vísperas de la Revolución de 1917 por algo más de 180 millones de habitantes, muy por encima de los 65 de Alemania y los 45 de Reino Unido. Rusia era el país más poblado de Europa.

Contaba con una población no uniforme, compuesta por mayoría eslava, entra la que destacaban los rusos, que imponen, su lengua, la religión ortodoxa y su administración, al resto de pueblos a los que tienen sometidos. El resto de eslavos tenían un idioma, cultura y religión distintos, y entre ellos destacaban los lituanos, polacos, estonios, ucranianos, etc. Además de los eslavos encontramos un conglomerado de pueblos de distinta raza, religión y tradiciones, como judíos, musulmanes, tártaros y fineses. 

Sobre todos ellos los rusos practicaron una política que pretendió unificar y uniformar a la población bajo el paraguas ruso: la rusificación. 

La situación económica del imperio ruso a lo largo del siglo XIX mantenía más puntos en común, con la economía del Antiguo Régimen, que con las naciones occidentales que habían iniciado ya su despegue industrial y su revolución agrícola. 

Campesinos rusos
La agricultura seguía siendo el elemento principal, de forma que en 1914 el 80 % de la población seguía viviendo de la agricultura. Esta situación tenía bastante que ver con la pervivencia del antiguo régimen en Rusia, donde la servidumbre se había abolido en 1861, aunque buena parte del campesinado seguía aún ligado a la tierra que trabajaba. 

La mayoría del campesinado vivía en la pobreza, siendo mayoritariamente jornaleros o pequeños arrendatarios, lo que contrastaba con un reducido número de grandes terratenientes con inmensas propiedades y un grupo algo más amplio de campesinos ricos (kulaks).

El tren transiberiano
Por su parte el desarrollo industrial fue tardío y lento, no iniciándose un impulso del mismo hasta 1880, momento en que empieza a construirse el ferrocarril, el cual actuó de motor del proceso industrializador ante la elevada demanda que suponía de material, mano de obra e inversión. 

Este proceso industrializador fue muy concentrado ya que se desarrolló en áreas muy localizadas, en torno a grandes ciudades o importantes yacimientos minerales. Dio origen a la creación de grandes fábricas que albergaban a multitud de trabajadores, desarrollándose, sobre todo, en tres campos: minería, fundición y astilleros. 

Políticamente el país se rige por un sistema de autocracia zarista. La soberanía recae de forma plena en el zar, sin que éste tenga ninguna cortapisa a su poder, no existiendo ningún órgano representativo ni asesor del Zar. Los partidos políticos estaban prohibidos y cualquier oposición era duramente reprimida. 

Nicolás II y su familia
Este poder del Zar se basa en la obediencia que le profesan tanto la nobleza como la Iglesia Ortodoxa, sometidas ambas a su poder. El Zar dispone, además, de un enorme ejército con el que imponer sus decisiones, una burocracia muy centralizada para gestionar la administración y un fuerte aparato represor mediante la ojrana, la policía política.


La oposición en Rusia sólo podía sobrevivir de forma clandestina ya que no estaba permitida. Esta misma clandestinidad hacía que fuese minoritaria y débil, aunque no por ello estaba exenta de organización, existiendo dos fuerzas políticas con cierta entidad. 

Una de estas fuerzas eran los socialrevolucionarios (SR, eseristas). Es un partido que contaba con un gran apoyo dentro del mundo rural al ser defensores del reparto de tierras entre los campesinos. 

Lenin en 1903
La otra gran fuerza son los socialdemócratas, los cuáles se escindirán, en 1903, en dos grupos: bolcheviques y mencheviques. Los bolcheviques eran partidarios de hacer la revolución inmediatamente. Su planteamiento conllevaba que el partido fuese dirigido por una minoría que movilizaría a las masas. Esta minoría asumiría gran parte del poder mediante un elevado grado de centralización y una férrea disciplina. Los mencheviques consideraban que antes de iniciar la revolución se debía producir un proceso democratizador. Sólo después se podría realizar la revolución social. Concebían el partido como algo muy abierto y mayoritario. 

Esta incipiente oposición va a ser capaz de encauzar el descontento popular existente a principios del siglo XX, dando origen a una revuelta, la de 1905 que supondrá un primer paso en el derrocamiento del régimen zarista y en el cuestionamiento del sistema político, económico y social, imperante en Rusia.